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EL PROCESO CREATIVO ME DA SUEÑO

Hoy desperté de uno de los sueños más complejos que he tenido en toda mi vida –hasta hoy, obviamente–. Lo que me hizo recordar lo peculiar que resulta mi proceso creativo. Y vale, ya sé, ¿un escritor hablando sobre su proceso creativo? ¿Qué sigue, un policía que come donas, un doctor que juega golf, un dálmata como perro bombero? Como sea, es algo que tengo que sacar de mi sistema.

Cuando se trata de escribir suelo ser muy perezoso. Me refiero a que no tengo una rutina establecida, con un horario y metas bien definidas. Por lo regular, escribo si me siento inspirado; lo que significa que paso largas temporadas sin escribir nada, meses, incluso años. Pero cuando llega la inspiración, no puedo detenerme. Es un momento especial. No se trata de avanzar hasta terminar, se trata de avanzar tanto como se pueda mientras la inspiración exista. Lo que me deja con un puñado de proyectos empezados a la espera de un nuevo choque de inspiración.

Así son las musas de caprichosas. En mi caso muso; llega, me noquea de un golpe y me manda a dormir. Y ocurre la magia. Paradójicamente, es en los momentos de inspiración cuando más duermo. Lo que es una extrañeza para quienes me rodean considerando que el resto del tiempo, en que no escribo, sufro de insomnio.

Pero, ¿qué de importante tiene el sueño en mi proceso creativo? Que escribo mientras duermo.

Lo digo en serio. Tengo presentes los detalles a groso modo, dándome vueltas en la cabeza. Podría forzarme a escribir, darles forma cual masilla, crear una historia. Pero el resultado nunca termina de gustarme. Sin embargo, durante los choques de inspiración, la historia toma forma por si misma durante mis sueños, mostrándome cosas que de otra manera no se me habrían ocurrido. Acto seguido, es momento de escribir todo lo que recuerdo, para después pulir detalles y sacarle brillo.

No creo que sea la mejor forma de escribir. En tiempo neto, escribir una novela me toma un promedio de seis meses. Pero en tiempo real, con los lapsos muertos, suelo tardar unos dos años. ¿Habrá forma de forzarme a concentrarme? ¿Alguna droga quizás? Quedará para la polémica.

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