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Y EL PULITZER ES PARA… ¿EL ROBOT?

¿Te imaginas a un robot escribiendo contenido para tu blog? Sólo le dices en dos o cinco palabras de qué quieres que hable y te escribe un artículo de quinientas palabras, coherente y con referencias. Listo para publicar o para pulir y ponerle tu sello personal. 

Es un hecho que la tecnología avanza a pasos agigantados. Basta echar un vistazo a las ferias de tecnología donde se exponen las novedades –muchas de ellas siendo aun prototipos en busca de financiamiento– para darse cuenta de que están cinco o seis pasos delante de lo que encontramos en la tienda a disposición de los mortales. Y es que lo físico, lo palpable, lo que puedes percibir con los sentidos más primarios, siempre será más llamativo. Pero hay un apartado en la tecnología que avanza aún más rápido y que pocas veces recibe la atención que debería. Hablamos de las Inteligencias Artificiales, o sólo AI por sus siglas en inglés. 

En pocas palabras, una Al es una combinación de algoritmos planteados con el propósito de crear maquinarias que presenten las mismas capacidades que el ser humano. Usando una analogía chapucera, piensa en la AI como uno de esos cilindros que usaban las pianolas. De esa forma la pianola era capaz de tocar una melodía como si fuera interpretada por un humano. Sólo que la AI no es un cilindro de metal, sino código. Claro que las AI han evolucionado desde que sólo eran código que imitaba una acción humana mecánica y repetitiva. Volviendo al ejemplo de la pianola, ¿Te imaginas tener un único cilindro capaz de aprender e incluso crear nuevas canciones? A esto se le conoce como Machine Learning. Literalmente es una máquina que aprende. Puede hacerlo de manera supervisada, los programadores están al tanto de cada cambio, o sin supervisión, es decir, el programa se reescribe a sus anchas y los programadores ni se enteran; además de con otros métodos novedosos que derivan de los anteriores. 

El potencial de las AI es enorme. Aprenden de nuestros datos y patrones de comportamiento, aprenden de sus propios errores y éxitos, y a partir de eso se mejoran y se perfeccionan con cada nuevo aprendizaje. Y sorprendentemente, no dejan de ser un paquete de algoritmos de programación –algunos, hoy por hoy, indescifrables para cualquier programador humano de alto nivel–. 

Pero no nos pongamos paranoicos. ¿O sí? A lo mejor un poco. La verdad es que pasarán unos años para que tengamos en nuestras manos un teléfono celular ultradelgado con pantalla de cristal transparente, o una máquina que atrapa la humedad en el ambiente y la transforma en agua potable; sin embargo, a diferencia de esas tecnologías tan vistosas, llamativas, ¿y por qué no decirlo?, en comparación con las AI, hasta cierto punto primitivas, la realidad es que llevamos años conviviendo con las AI. Y es entendible, nos hacen la vida mucho más fácil, y funcionan perfectamente incluso en esos teléfonos Alcatel desechables que compramos a $15USD en una tienda de carretera. 

Si bien hay quienes (me refiero a grandes corporaciones) están obsesionados con hacer robots, desde las maquinarias en las líneas de producción, drones y autos autónomos, hasta androides de apariencia humanoide capaces de mantener una conversación medianamente coherente, esas cosas al final son simples vehículos con obsolescencia. Lo importante es la AI, el cerebro, y esta ni siquiera tiene que estar instalada de forma exclusiva en ese cuerpo con caducidad, para eso está internet. Lo que en el mundillo se conoce como el internet de las cosas. Una copia del programa está en el aparato, y se actualiza constantemente con nuevas mejoras venidas de su contraparte en internet. Su naturaleza es complicada, y hasta cierto punto difícil de entender. Nuestro antropomorfismo nos obliga a juzgar a las AI con cualidades humanas, pero no, las AI, por más que aprendan y se expresen como un humano, no dejan de ser código. 

Y así llegamos al punto que quería tratar. A tal nivel han llegado las AI que ya es posible contratar los servicios de este robot del que hablaba al principio. Y, de hecho, muchas empresas y particulares lo están usando. Es fácil, basta con decidir un tema y en pocos minutos te entrega un artículo perfectamente coherente. Y lo mejor de todo, es barato. Porque sí, lo es. Sólo piensa, ¿cuánto cobra un escritor editorial por un artículo de quinientas palabras? Tomando en cuenta que cobran un promedio de $0,11USD por palabra, un artículo de quinientas palabras tendría un costo de $55USD. Otros escritores son más relax y cobran por artículo un promedio de $25USD. Mientras tanto el robot te escribe un total de cien artículos mensuales por sólo $49USD al mes (no son acumulables, cada mes se reinicia el conteo de artículos), o bien cien artículos para cuando quieras por sólo $99USD (pagó único), es decir, menos de $1USD por artículo. Comparado con un escritor humano, el robot es muchísimo más económico, y el tiempo de espera es de apenas dos o tres minutos, y no días como con el humano.

Con ese nivel de producción de artículos, considerando los distintos idiomas en que escribe, y el número de usuarios que se valen de su servicio, a saber cuántos de sus blogs hemos leído pensando que se trata de una persona real. Y es que el robotcito ha aprendido ni más ni menos que de millones de escritores humanos reales. Humanos que por separado cometen errores, pero que en conjunto son el escritor perfecto. Estamos frente a una AI que procesa información a una velocidad pasmosa, que escribe a una velocidad vertiginosa y encima con una calidad mayor que la de cualquier bloguero humano promedio, apenas superado por el carisma de los mejores humanos escritores. La versión más actualizada es incluso un poco irónica, poniéndole ese toque picante a la prosa que la hace más amena. ¿Te imaginas a un robot contando chistes?

Dato curioso, pedí al servicio que redactara sobre robots que escriben artículos en internet, y no pudo arrojar un resultado. ¿A la AI le avergonzará escribir de sí misma? ¿Será que tampoco quiere darle publicidad a su competencia hablando de otras AI que hacen lo mismo?

Como sea. La web es www.articoolo.com por si quieres darle un vistazo. Tal vez cuando sea rico y famoso contrate el servicio para mantener actualizado mi blog. Hasta entonces me toca a mí escribir, qué flojera. 

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Published inBlogEscribir

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