¿La ciencia valida la predestinación?

El cientificismo llegó para quedarse, y está tan extendido que bien podría ser el movimiento dogmático más grande del mundo, aún por encima de las más influyentes religiones del planeta. Sus principales adeptos son todos aquellos que, “sintiéndose libres de las ataduras de la religión”, pero resultando demasiado mundanos como para entender del todo los vericuetos de la ciencia, optan por transformar a la ciencia misma en su nuevo credo y dios, siguiéndola ciegamente, pues para fines prácticos, supera sus posibilidades intelectuales. ¿De quienes hablamos? Analfabetas funcionales.

Nótese que el analfabetismo funcional es una condición que puede ser cambiada, no una denominación inmutable. Con educación se puede salir de esa clase de analfabetismo, pero ya tocaremos ese tema en otra ocasión.

¿Cómo es intentar discutir con estas personas? Pongamos un ejemplo muy sencillo. Puedes o no estar de acuerdo con la evolución, lo que no puedes es asegurar que es una ley, cuando es una teoría. Por difícil que parezca, la mayoría de científicos se muestra abierto a este respecto, pues no ha sido comprobada. ¿Será factible la evolución? Es una pregunta legítima, y la respuesta es sí, es factible. ¿Es un hecho la evolución? La respuesta es no sabemos.

Lo que es un hecho revelador, es que los mismos fanáticos que defienden a la evolución como una ley de la naturaleza, son los mismos que aseguran que el siguiente paso evolutivo tiene que ser propiciado por el hombre; y de ahí saltan a una serie de teorías conspiranóicas, cada una más extravagante que la anterior; lo que sin darse cuenta está en contraposición con el concepto de evolución. Los más listillos hablan de una nueva teoría de la evolución en la que el cambio se da por medio de una serie de mutaciones. Perfecto para explicar variaciones y vicios genéticos, pero que se sigue quedando en el mismo lugar. Por más que un humano nazca con mutaciones genéticas, sean inducidas o naturales, no deja de ser un humano, que seguirá engendrando humanos con las características principales de los humanos, incluso, con una mínima, por no decir casi nula, posibilidad de heredar la mutación a su descendencia.

También podemos extrapolar la discusión a otros derroteros. Pienso en el caso de los psicólogos, quienes sostendrán la existencia de la psique, la mente o la conciencia, por más que los neurólogos simpatizantes al monismo materialista digan que el cerebro no alberga nada remotamente parecido a tales cosas. ¿Quién tiene razón? ¿Psicólogos o neurólogos?

Pero bueno, ya estamos en contexto, hablemos de lo que nos compete en esta entrada.

Mucha gente, en especial aquella que se deja instruir, en lo que cuestiones científicas refiere, en el Discovery Channel o similares, suele hablar de la existencia del multiverso, de los mundos paralelos, de las dimensiones ocultas y, claro, del viaje en el tiempo. Es la misma clase de gente que usa la palabra “cuántico” para hacer que algo suene científico y sofisticado.

Con respecto al viaje en el tiempo, suele mencionarse que el espacio tiempo, las cuatro dimensiones principales, están íntimamente relacionadas. Luego de unos cuantos experimentos para comprobar la acertada relatividad teorizada por Einstein, concluimos que el tiempo es una dirección más que puede ser transitada.

De ser así, tanto es posible avanzar hacia adelante como hacia atrás. ¿Qué implicaciones conlleva esto? Primeramente que todo lo ocurrido y lo que ocurrirá es de forma predefinida, de lo contrario no podría ser transitado. La ilusión de nuestro supuesto libre albedrío, o libertad de pensamiento, se hace patente si aceptamos que todo momento puede ser visitado.

Hay quienes intentan romper el molde diciendo que cada posibilidad crea un mundo o realidad paralela; lo que es peor pues nos pone en la categoría de dioses capaces de crear mundos de la nada con una decisión tan simplona como lo es el usar corbata roja o amarilla, o el tomar té o café, o un vaso con agua, o nada. Así, cambiar el pasado cambia el futuro, crea una bifurcación que desemboca en una realidad distinta. ¿Por qué ese desequilibrado complejo de dios?

Parece ridículo pensar que un ser primitivo a base de carbono que según esto evolucionó de un caldo de bacterias tenga tanto poder como para crear universos con cada acción inconsciente. Más ridículo si consideramos que ese mismo poder lo tiene todo ser vivo capaz de tomar decisiones, pongamos por caso a un mosquito que decide picar o no a un mamífero cualquiera. Y más ridículo si consideramos que cada ser crea mundos nuevos habitados por innumerables seres capaces de crear mundos nuevos. No soy matemático, pero eso da a cantidades astronómicas de posibilidades, y por consiguiente, de mundos. Y si a eso le sumamos la consabida vida extraterrestre, ¿que te digo?

Lo más lógico, pues, es concluir que todo lo ocurrido y todo lo que ocurrirá ya está definido.

Si naciste con una enfermedad penosa, lo siento, pero ese era tu destino. Si fuiste abusado o maltratado, era tu destino. Si sufriste un accidente, destino otra vez. Y así sucesivamente, todo es destino fijado en el tiempo.

Los científicos tienen clara la diferencia entre teoría y ley. Los cientificistas no. Pregúntate, qué es mejor, ¿la predestinación, o el libre albedrío? ¿Será que la serpiente tenía razón, y al comer del fruto nos volvimos dioses capaces de crear mundos con cada pestañeo?

¿Tú qué opinas?

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