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El impacto de un libro y el poder de la interpretación

Nací en el año de 1991. En mi primera infancia, antes de cumplir los diez años de edad, antes de quedar irremediablemente atrapado por el internet y los teléfonos celulares, antes de convertirme en un adolescente odioso que odiaba todo y se sentía el más listo y fuerte, venga… cuando aún era tierno, adorable y soportable, solía jugar en la calle con los vecinitos. Entre el pilla-pilla, las traes y el semáforo a veces jugábamos a algo que se llamaba el teléfono descompuesto.  El juego básicamente consistía en lo siguiente: Se armaba una fila, entonces el primero de la fila murmuraba algo al siguiente, y ese murmuraba lo que había escuchado al que continuaba, y así hasta llegar al último. En el clímax, el último gritaba en voz alta la palabra o la frase. Los resultados eran hilarantes. Aún sigo sin explicarme como “chicle de menta” terminó siendo” gato volador”; tal vez nunca me entere.

Supongo que piensas: —Okey crac, pero no me cuentes tu vida—. Y lo acepto, pero te prometo que hay una razón de peso. Todo viene a cuento por la obra del artista mexicano Jorge Méndez Blake. Específicamente la obra titulada “El Castillo”.

Por alguna razón, que hace las veces de interpretación, y tiene un pelín más que ver con lo obvio que con lo interpretativo, la gente en redes sociales rebautizó la obra con el grandilocuente título de: “El impacto de un libro”.

Pues eso, ya lo busqué en la web del autor y la obra sigue siendo “El Castillo”, justo por usar como base —nunca antes mejor dicho— a la copia impresa de la obra homónima (obviamente la versión traducida al español) de Franz Kafka. Porque si, la obra consiste en un muro de ladrillos apilados, sin ninguna clase de adherencia, justamente encima del mencionado libro (Para mayores referencias ver la fotografía, como escritor soy pésimo describiendo).

En una entrevista el autor habló del muro, enfatizó lo de la falta de adhesivos y dijo más cosas como que no le ponían atención. Cómo sea, no le puse mucha atención. Lo que quedó patente, al menos en esas primeras entrevistas, es que el asunto del “impacto de un libro”, y las libres interpretaciones que la gente de a pie le dio después, tanto más rebuscadas como rebuscadas eran las comunidades donde la obra se presentaba, distan mucho de parecerse a lo que el autor quería comunicar en primer lugar. Ahora el autor sólo dice que deja la obra a libre interpretación. Me imagino que es lo mejor para su salud mental.

Con todo, cabe mencionar que “El impacto de un libro”, digo, “El Castillo”, tiene hermanitos. Me refiero a las obras “Amerika”, “Das Kapital”, y cuantos refritos, digo, obras originales de la misma naturaleza se le hayan ocurrido, o se le ocurran, al autor. Eso de apilar ladrillos sobre libros es lo suyo. ¿Diríamos que “Das Kapital” es algo así como “El impacto de un libro 2: El regreso”, y “Amerika” es: “El impacto de un libro 3: La venganza”? Sólo el tiempo lo dirá.

Lo que nos queda claro es que esta clase de arte nos da mucho juego para… ¿jugar? Pues sí. Si tienes oportunidad visita la web del artista para que veas otras de sus obras, hace más cosas que sólo apilar ladrillos sobre libros, créeme, cosas interesantes e intelectuales. También lee las distintas interpretaciones que la gente ha hecho a “El impacto de un libro”, de verdad que no tienen desperdicio.

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